El siglo XXI avanza rápidamente y ya el mundo se asoma hacia su primer cuarto de siglo con sorprendentes nuevas tecnologías bajo el rótulo de inteligencia artificial, que si bien es cierto, nos hacen disfrutar de sus beneficios, también suscitan preocupación sobre sus usos y efectos.
Términos como fake news, ciberseguridad, alfabetización mediática o Inteligencia Artificial se suman al lenguaje cotidiano de las personas que utilizan sus smartphones, tablets y otros aparatos electrónicos para comunicarse. La emergencia de estos conceptos y de sus efectos concretos sobre sus decisiones, preferencias, y en definitiva, sus vidas, aparentemente se presenta como una consecuencia de procesos asociados a la globalización; estrategias de mercado de grandes grupos económicos; así como la eficiencia de recursos y maximización de beneficios económicos.

«Las plataformas digitales nos han proporcionado innumerables nuevos medios para informarnos y expresarnos; pero también son terreno abonado para quienes siembran la desinformación y las teorías conspirativas», señaló Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO en el Día Mundial de la Libertad de Prensa en una discusión que se centró en el rol de los medios independientes y cómo según estudios del organismo los países con los más altos niveles de libertad de expresión también gozan de un nivel significativamente más alto de protección de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales. Las jornadas se realizaron en mayo de 2023 y la próxima edición 2024 tendrá a Chile como anfitrión.
¿Alfabetización mediática?
Media literacy (en inglés) o alfabetización mediática, es el concepto que se refiere a la capacidad de decodificación de mensajes surgidos desde los medios de comunicación u otras fuentes, así como la evaluación de su influencia sobre el comportamiento de las personas. Se presenta entonces como un marco para acceder, analizar, evaluar, crear y participar con mensajes en una variedad de formas, desde impresos, videos e Internet.
Sin embargo, hay algunos detalles a revisar en el contexto del surgimiento de la Inteligencia Artificial y sus cruces con el acceso a información confiable. A través de la automatización y el uso de la Inteligencia Artificial, nuestra capacidad para comprender temas complejos e interpretarlos se está volviendo cada vez más dificil. El desafío que ya se instaló y debemos afrontar es ser capaces de detectar y reconocer las técnicas utilizadas por la Inteligencia Artificial para producir información y el efecto que se genera para lograr satisfacer lo que se presenta como los intereses de poderosos actores sociales y políticos. Esto puede representar un peligro para la sociedad, especialmente para las personas en condiciones más desfavorecidas.
Las posibilidades de mejora e incremento en la calidad de la escritura, ya sea en internet u otros medios se ha desarrollado exponencialmente durante los últimos años. Tanto es así que consorcios mediáticos como Bloomberg o Associated Press ya la han adoptado en sus mesas de trabajo y redacciones. Con la Inteligencia Artificial como aliada esas compañías pueden generar contenido de acuerdo a sus criterios, de forma rápida y económica. Aquí surge otro punto importante: estas herramientas también pueden y están siendo utilizadas por quienes crean noticias falsas.

Las investigaciones sobre Inteligencia Artificial y generación de contenido evidencian problemas potenciales con el texto automatizado, en especial cuando se utiliza en temáticas transdisciplinarias o con grados de complejidad altos. Dentro de las prácticas habituales de los buenos redactores o escritores es que no se limitan a enumerar hechos o historias; las interpretan, toman decisiones y asumen posturas sobre qué es lo importante, generando además condiciones de contexto. En esa misma lógica, también existe el peligro de que las noticias automatizadas carezcan de ese contexto, reproduzcan sesgos socialmente perniciosos y engañen a las personas.
Por supuesto, los últimos años ya han dejado ejemplos sobre cuánto daño pueden causar las noticias falsas y engañosas sobre los procesos democráticos en países de diferentes latitudes e indicadores. El peligro no es sólo que se difundan noticias falsas específicas, sino que degraden la confianza social en los medios de comunicación y los entornos de generación de información. Frente a un entorno mediático confuso, cualquier persona puede caer en las redes de la desinformación, pero también existe el riesgo de que más colectivos humanos simplemente se den por vencidos, juzgando como no confiable a todo el espectro mediático. Los líderes autoritarios y la surgencia de ideas antidemocráticas encuentran ahí terreno fértil en este tipo de confusión y descrédito.
Una estrategia posible
¿Hay algo que se pueda hacer? Ya hay algunas redes sociales y desarrolladores que se están haciendo cargo del problema y están creando herramientas para detectar contenidos automáticamente generados. Pero esta estrategia al parecer no alcanzará. Por un lado, cada vez es más difícil identificar contenidos falsos y las propias herramientas de inteligencia artificial probablemente estarán un paso por delante.
Los posibles caminos de solución al parecer debieran apuntar a acciones concretas para mejorar el ecosistema de información pero también incrementar las capacidades del público para discernir y desenvolverse adecuadamente en este. Sobre las posibilidades de mejorar la calidad de los entornos de información esto implica que las plataformas de redes sociales, medios de comunicación y los profesionales que laboran allí, tienen la responsabilidad de encontrar formas de priorizar la información confiable y útil, pero por otro lado, responder proactivamente en degradar la desinformación, sin invadir la libertad de expresión.
Pero aún implementando las mejores políticas públicas y buenas prácticas, es esperable que los contextos de generación y diseminación de la información se vuelvan más complejos. Combatir la información maliciosamente generada y las noticias falsas significa generar más esfuerzos en la educación y fortalecimiento del pensamiento crítico en las personas desde una edad temprana, de manera de afrontar los desafíos de un entorno cambiante y a menudo confuso. Es importante incorporar de forma más explicita y decidida en todos las áreas y niveles educativos el compromiso con el pensamiento crítico, incluidas habilidades como cómo afrontar la ambigüedad y la incertidumbre, formular y analizar argumentos y así como enfrentar los desafíos de la gestión emocional.
Volvemos al discurso de siempre. Que estamos en una época de grandes cambios tecnológicos, muchos de ellos beneficiosos. Si, estamos de acuerdo, pero si las personas quieren maximizar estos beneficios para vivir mejor y al mismo tiempo evitar los inconvenientes, deben integrar aprendizajes que les permitan pensar y evaluar mensajes con claridad en entornos volátiles donde la información, la mala información y la desinformación se convierten en amenazas para la toma de decisiones.